
Tres días en Sella
Hace dos semanas pasamos tres días completos en Sella. Fue un viaje de trabajo, de esos en los que recorres las mismas habitaciones una y otra vez y te quedas parado en el umbral imaginando la luz a distintas horas. Íbamos a cerrar las últimas decisiones de peso antes de presentar las licencias, y a pasar el tiempo suficiente con el edificio como para estar seguros de ellas.
Una casa en la Plaça Major
El edificio que estamos rehabilitando está justo en la Plaça Major, en pleno centro del pueblo. Durante casi toda su vida fue una gran casa familiar, y parte de lo que hacemos es acompañarlo a su siguiente etapa sin borrar la anterior. Trabajamos con un arquitecto de Valencia que comparte esa manera de ver las cosas: conservar lo que le da carácter, respetar la propiedad tal y como es y adaptar el interior con cuidado para que pueda acoger una vida nueva. Es un trabajo pausado, y no lo querríamos de otra forma.
Una acogida cercana
Lo que más se nos quedó no fueron los planos. Fue la gente. Nos recibieron con una calidez abierta y sin poses, y resulta que Sella es un pueblo con buen ánimo. Se nota solo con pasear: vecinos hablando a la sombra, un saludo desde una puerta, un ritmo de vida festivo y tranquilo que invita a bajar el paso. Al cabo de tres días, la plaza ya la sentíamos un poco nuestra.
Pan, y una mesa al otro lado de la plaza
Algunos de los mejores momentos fueron los más sencillos. En el pueblo hay una panadería de leña, un auténtico forn de llenya, el Forn Santamaria, que hace un pan como ya casi no se encuentra. Se le nota el horno. Y justo enfrente de la casa está Ca Xaro, donde comimos más de una vez: sin florituras, de verdad, de esos sitios que te ponen unos huevos rotos con jamón y te recuerdan que no hay nada que mejorar. Es difícil sentirse más en casa, o más en España, que en una mesa así.
El ritmo del pueblo
Sella está a unos 430 metros, en el interior de Alicante, a los pies de la Aitana, la sierra más alta de la provincia. Ese entorno marca el ritmo de todo. Las mañanas son de la montaña y de las carreteras que suben hacia ella; las tardes se alargan. Escaladores, ciclistas y senderistas pasan por aquí camino de la roca, los puertos y los senderos, y el pueblo los acoge sin aspavientos. Es un lugar que premia quedarse un tiempo en lugar de pasar de largo, que es, al final, la idea que hay detrás de todo lo que estamos construyendo.
Si quieres conocer mejor el paisaje que rodea el pueblo, la escalada, el ciclismo y los senderos que se adentran en la Aitana, lo hemos reunido en nuestra página sobre Sella. Y seguiremos contando el proyecto por aquí, según pase del papel a la piedra. Tres días se nos quedaron cortos. Ya estamos contando los días para volver.
